Cuentan rumores que semejante interrogante fue arrojada al unísono en el congreso por presidencia, oposición, nacionalistas, izquierdistas, independentistas, chovinistas, laicistas, esteticistas (pues el nombre político es sólo para la galería) y por algún que otro ujier, al enterarse de que en la Plaza de Sol se congregaba una multitud y esta vez no era para hacer botellón, ni ver un concierto deBruces Prinstin, ni para hacerse hueco ante la próxima visita del papa.
El presidente lacónico e introspectivo se preguntaba:
-¿qué habría fallado?, todo estaba controlado, todo iba de lujo. La muchedumbre adormecida gracias a la televisión y a los mass media, la oposición sin respuesta ante un programa que era su programa, la élite sindical amamantandose en sus pechos (¡puagh! que imagen tan desagradable)...
Quizás ese fue el problema, dejar al pueblo sin cabecillas, no detiene sus reivindicaciones. Dejar al pueblo sin cabecillas, le conmina a renovarse y auto-organizarse con total independencia del poder, con sus propios órganos de poder, sus propios medios de comunicación, etc.
Como en todos los grandes movimientos populares, aunque no sean visibles, estos van siempre por delante de su enemigo. Y en la España de los jóvenes ni-ni adormecidos y sin inquietudes, la reivindicación se cocía a fuego lento, pero con la olla llena. Además en "olla express", pero no en una olla de esas modernas que llaman "ollas rápidas", no no, en "olla express" de las de toda la vida.
Al rato, a la salida del congreso, el líder de la oposición le comentaba al presidente:
- Compañero, parece que hemos metido la pata hasta el fondo.
- Ya ves -respondía el aludido-, pero imagínate el marrón que tengo yo encima, a ver como le explico esto a S. M.